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Vank Journal · 003

Stablecoins como riel, no como apuesta

Stablecoins·26 de junio de 2026
MDMardiros Daghinián
Fundador y CEO de VANK
Tokens USDC y USDTVANK · 003

La palabra "stablecoin" llega con equipaje.

Para mucha gente suena a cripto, a volatilidad, a especulación. Y es entendible: el mundo cripto está lleno de promesas de rendimiento y gráficos que suben y bajan.

Pero para una empresa que necesita mover dinero entre países, una stablecoin no es una apuesta. Es un riel.

Qué es realmente una stablecoin

Una stablecoin como USDC o USDT está diseñada para mantener paridad con el dólar: una unidad busca representar un dólar digital. No oscila como bitcoin.

Conviene escribirlo con precisión: está diseñada para ser estable, lo que no es lo mismo que estar garantizada como inmóvil. En el mercado secundario pueden existir desviaciones temporales, por ejemplo, USDC perdió brevemente la paridad durante la crisis de Silicon Valley Bank en 2023, y la recuperó después. La estabilidad es el objetivo de diseño y la práctica habitual, no una garantía absoluta en todo momento y en toda red.

Con ese matiz claro, la idea de fondo se sostiene: un dólar digital que se comporta como un dólar, pero que se mueve a la velocidad de internet.

USDC y USDT no son lo mismo

El error común es tratarlas como idénticas. Comercialmente se entiende; editorialmente, no.

USDC y USDT son las stablecoins más usadas para mover dólares digitales, pero no comparten el mismo perfil de emisor, regulación, liquidez ni transparencia. Circle declara que USDC es redimible 1:1 y está respaldado por efectivo y equivalentes líquidos, con atestaciones mensuales de reservas. Tether (USDT) tiene enorme liquidez y adopción global y afirma estar respaldado 100% por sus reservas, con un perfil de transparencia distinto.

Para una empresa, la decisión no es solo qué stablecoin usar, sino bajo qué controles, red y proveedor operarla.

La distinción que importa

Hay dos formas completamente distintas de relacionarse con los activos digitales.

Una es la especulación: comprar bitcoin o ether esperando que su precio suba. Eso es una apuesta, el valor puede subir o bajar, y nadie lo garantiza.

La otra es la infraestructura: usar una stablecoin para liquidar un pago. Eso es un riel.

Una empresa que cobra en USDC y lo convierte a pesos no está apostando a nada. Está usando un dólar digital para mover valor más rápido. Y la estabilidad es justo el punto: si la moneda fuera volátil, no serviría como riel. Nadie liquida una factura con algo cuyo valor puede cambiar 10% entre que lo envías y lo recibes.

Un activo volátil es una apuesta. Una stablecoin con cumplimiento es infraestructura. No son lo mismo, aunque ambos vivan en blockchain.

El problema que resuelve para una empresa

Pagar o cobrar entre países por la vía tradicional toma días, pasa por intermediarios y esconde el costo en la tasa.

Una stablecoin cambia esa ecuación: el valor viaja directo, liquida en minutos y está disponible 24/7. Según el activo y la red, una stablecoin puede moverse por blockchains como Ethereum, Solana, Polygon, Stellar o Tron (no todas las stablecoins corren nativamente en todas las redes, depende del emisor).

Para una empresa que le paga a un proveedor afuera o cobra de un cliente internacional, eso no es una novedad especulativa: es flujo de caja que llega cuando lo necesitas, no tres días después.

Pero no es el salvaje oeste

Aquí está la parte que separa el uso serio del riesgoso.

Mover stablecoins de forma seria para una empresa exige controles equivalentes a los de una operación financiera regulada:

  • KYB/KYC, saber quién es el cliente y la empresa.
  • Screening de contrapartes, OFAC, Naciones Unidas.
  • Monitoreo transaccional, revisar origen, destino y propósito.
  • Trazabilidad y reportes cuando aplique.

El estándar internacional (FATF) recomienda que los proveedores de activos virtuales apliquen debida diligencia del cliente, mantenimiento de registros, reporte de operaciones sospechosas e información de originador y beneficiario en las transferencias.

El riesgo no está en la tecnología. Está en usarla sin controles.

Trazable, pero solo si está conectada a controles

Se suele decir que las stablecoins son más seguras. La frase correcta es más matizada.

Bien operada, una transferencia con stablecoins puede ser más trazable que muchos flujos tradicionales, porque los movimientos on-chain quedan registrados y son verificables de origen a destino. Pero esa trazabilidad solo se vuelve útil cuando está conectada a controles de identidad, monitoreo y cumplimiento. La seguridad real depende de la custodia, el proveedor, la red, la contraparte y los controles, no solo de la tecnología.

Cómo lo usa VANK

En VANK las stablecoins son un riel de liquidación, no un producto especulativo. Las usamos para tres cosas:

  • Liquidar pagos entre países en minutos, en vez de días.
  • On/off-ramp: convertir entre dólar o peso y stablecoin, con el costo visible antes de confirmar.
  • Mantener saldos en USDC o USDT como parte de tu tesorería, mantener, no solo mover.

Todo bajo controles de cumplimiento.

Y conviene ser explícito: en VANK no promovemos stablecoins como inversión, rendimiento ni exposición especulativa. Las usamos como infraestructura operativa para liquidar valor entre monedas, países y sistemas financieros. Bitcoin y ether son otra categoría, activos volátiles; cuando hablamos de stablecoins como riel, hablamos de un dólar digital estable, no de una apuesta de precio.

Cuándo tiene sentido

  • Pagarle a un proveedor internacional rápido, sin esperar el SWIFT.
  • Cobrar de un cliente afuera y tener el valor disponible al instante.
  • Mantener parte de tu tesorería en dólar digital, en lugar de quedar expuesto solo a la moneda local.

En ninguno de esos casos estás especulando. Estás eligiendo un riel mejor.

La pregunta correcta

La pregunta no es "¿deberías especular con cripto?".

La pregunta es "¿deberías mover tu dinero entre países por un riel más rápido, disponible 24/7 y trazable?".

Para muchas empresas que operan entre mercados, la respuesta es sí. Y eso no es una apuesta. Es infraestructura, una de las piezas que permite que el dinero deje de moverse como en 1980.

Mardiros Daghinián es fundador y CEO de VANK.